Paisajes y sensaciones

Los colores del otoño (2): El Sendero Fluvial

El bosque de ribera del río de Camarena cambia de una manera espectacular su coloración en el otoño. Recorrer en esas fechas el sendero fluvial que acompaña a nuestro río desde el pueblo hasta la ermita de San Roque es una experiencia muy gratificante. La gran variedad de árboles y arbustos que pueblan estas riberas aporta una variada gama de colores que van desde el verde hasta el rojo y el amarillo, con diferentes tonalidades para cada especie. Chopos lombardos, azeres, cerezos, sargas, guillomos, azarollos, madreselvas, majuelos, rosales silvestres y muchas más especies conforman un bosque galería de gran biodiversidad, que sirve de refugio a una rica fauna. El sonido del agua nos acompaña gran parte del recorrido.

Senda fluvial

Senda fluvial

Azere

Azere

Chopo lombardo

Chopo lombardo

Sargas y chopos

Sargas y chopos

Hojas en el agua

Hojas en el agua

Los colores del otoño (1): La Quebrantada y el Hontanar

Los colores más hermosos del otoño son, sin duda, los de los arces, aquí llamados “azeres”. Este árbol se extiende por todo el hemisferio norte y una hoja de arce aparece en la bandera de Canadá. Es un género que consta de muchas especies: en la sierra de Javalambre tenemos el arce de Montpellier (Acer monspessulanum). Tiene un fruto alado muy característico, sus hojas son pequeñas con tres lóbulos y, al llegar el otoño, adoptan vivos colores amarillos, ocres o rojos intensos, dependiendo de la genética de cada árbol.

Los arces suelen tener un papel secundario dentro de los bosques, pero en nuestra Sierra, son inusualmente abundantes, llegando a dominar en algunos lugares. Los mejores arcedos se encuentran en el vecino término de la Puebla de Valverde, pero en Camarena, al reducirse la presión agrícola y ganadera y dejar de ser aprovechada su leña, se está desarrollando un incipiente bosque de arces en las laderas orientales de la Muela de la Truena o de San Pablo, antes deforestadas.

Podemos encontrar arces o “azeres” dispersos por todo nuestro término entre 1000 y 1700 metros de altitud. Conviven con otros árboles y arbustos caducifolios, cono el cerezo borde o de Santa Lucía (Prunus mahaleb), que en la otoñada adopta un característico color amarillo limón. Es durante el mes de octubre cuando se produce la explosión de colores de los arces, los cerezos y los chopos. Noviembre será el turno de rebollos y guillomos.

Partiendo del Molino de Arriba, por el camino del Planillo (por donde desciende la ruta de BTT de la Matahombres), nos dirigiremos hacia la Quebrantada por una antigua senda que nos conducirá ascendiendo entre bancales abandonados por la partida del Hontanar hasta la base de las rocas donde se encuentran los famosos pinos gemelos del Planillo.

La Quebrantada

La Quebrantada

Camarena desde el camino

Camarena desde el camino

En el camino

En el camino

El Hontanar

El Hontanar

Los colores del otoño

Los colores del otoño

Los viejos pinos negrales de La Muela

Mi buen amigo Miguel Ángel siempre me dice que lo que más llama la atención de Camarena es la cantidad de viejos pinos que hay en nuestro término. El pino negral centenario es especialmente esbelto. También es el más longevo de los pinos ibéricos, llegando a vivir más de 600 años y su porte recto y robusto le dan una especial elegancia. En la actualidad, como consecuencia del abandono de la agricultura y la ganadería, el bosque se ha extendido mucho, pero hace un siglo nuestro paisaje era muy diferente. Apenas había pimpollos y esos grandes árboles ya tenían un tamaño muy parecido al que presentan actualmente. En la Muela, junto al viejo camino del Cerro Ventosa y el Setar, aún se puede contemplar un paisaje similar al de hace cien años. Los pinos servían de sombra para el descanso de los segadores y sestero para el ganado. En torno a ellos se extiende un mullido suelo formado durante siglos por la descomposición de la “josma” – la hojarasca seca del propio árbol – y el abono natural del ganado. Tumbarse en esos “berdines” y contemplar el cielo, las majestuosas copas de estos venerables ancianos, escuchar el silbo del viento y los pájaros, inhalar el aroma de la ontina, el tomillo o el espliego y sentir el latido de la Tierra es un verdadero placer para todos los sentidos.

La Muela y la Hoya la Majada

La Muela

La Muela

La Muela

Vista general de La Muela

Vista general de La Muela